Defensa propia para todos: Empoderamiento para grupos marginalizados
traducido por Carmen Ruiz Fernandez
El club Anti en colaboración con la instructora Kambri Briggs (el nombre de la persona organizadora del Club Anti y la localización se mantienen reservados por razones de seguridad), ofreció una clase gratuita de defensa personal, priorizando a personas afroamericanos, indígenas y de color, queer, trabajadoras sexuales, no binarias, de género no conforme y trans.
A través de esta clase gratuita de defensa personal, he aprendido mucha información útil sobre diferentes estrategias y maneras de escapar de diversos casos de violencia y daño. Aunque nunca sabré cómo reaccionaría si me encontrara en una situación en la que necesite defenderme, me siento más confiada sabiendo que estas prácticas me acercarán un paso más a poder escapar de estos peligros. También me brindó consuelo saber que con solo tomar esta clase me podría ayudar a salvarme a mí y a otras personas que atiendan de amenazas y daño. Pienso que más personas deberían saber que existen recursos como estos ahí fuera disponibles para ellos, y que hay gente que quiere verte protegida.
Para conseguir una plaza, el proceso empieza contactándolos por correo electrónico o Instagram. Recibí un correo de confirmación pocos días antes del evento y, posteriormente, recibí la localización una hora antes de la clase, siendo esta una práctica destinada a garantizar la seguridad del lugar, de los anfitriones y las personas que atienden.
Había siete personas en el gimnasio esa noche, pero el espacio parecía completamente lleno debido a la energía, el entusiasmo, las ganas y el empoderamiento que generaban estas prácticas.
Empezamos haciendo algunos calentamientos y estiramientos, y luego pasamos directamente a las prácticas, empezando con una demostración de cómo escapar un agarre de muñeca.
Antes de cada práctica, nos aseguramos de comunicar con nuestros compañeros y compañeras nuestro nivel de comodidad con cada ejercicio y cuánta fuerza queríamos aplicar en cada demostración. También se nos dió la opción de no participar en aquellas demostraciones que involucraban maniobras cercanas al estrangulamiento, fuerza excesiva o mucho contacto físico, para garantizar que todas las personas se sentían cómodas y seguras. Algunas de las prácticas incluían como escapar de un agarre por detrás de la cintura y el pecho, y qué hacer en caso de que alguien te intentara estrangular.
A pesar de que hubo muchas risas y un ambiente de ánimo alto durante toda la noche, todas las personas fuimos capaces de comunicarnos y reconocer lo aterrador que era el hecho de que estas lecciones fueran tan necesarias y beneficiosas. Se nos demuestra una y otra vez que el mundo no está hecho para que nos sintamos seguros. Como minorías, tenemos que aprender por las malas que constantemente vamos a estar expuestas frente a situaciones inseguras, así que debemos aceptar esa realidad para poder prepararnos.
Los grupos marginalizados necesitan espacios como estos no solo por la educación y los consejos que ofrecen, sino también para reconocer que vivimos en un mundo muy inquietante donde, el daño puede alcanzarnos en cualquier situación, lo esperemos o no y estemos preparadas o no.
“El mundo es un lugar aterrador, pero la única forma de cambiar las cosas es haciendo algo al respecto,” dijo Briggs. “Si mis clases pueden marcar una diferencia aunque sea para una persona, entonces eso es todo lo que realmente importa para mi.”
Estas clases de defensa personal gratuitas se llevan a cabo el primer lunes del mes.
“Las personas participantes pueden asistir a todas las clases que deseen, y el propósito es que el estudiantado se una varias veces para seguir mejorando sus habilidades. La gente puede inscribirse enviando un correo electrónico a: lemonsquatter@proton.me.” Dijo la persona organizadora del Club Anti.

